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Fútbol, futbolistas y pandemia

Por: Sabino López


Estos días, entre otros, se plantea el debate sobre las consecuencias de la pandemia en el mundo del fútbol y, sobre todo, en el fútbol profesional.

Unos exigen al fútbol profesional que aparque las cuestiones económicas ya que lo importante es la salud de las personas.

Otros critican a los futbolistas profesionales, por su posicionamiento, ante los expedientes de regulación de empleo que las S.A.D y Clubs pueden plantear.

Al mismo tiempo, se vuelve al tema manido del dinero que mueve el fútbol y los salarios que perciben los jugadores, para criticarlo.

Me llama la atención el planteamiento de que el fútbol profesional ha de aparcar las cuestiones económicas al ser lo más importante  la salud de las personas, ya que no encuentro incompatibilidad alguna entre ambas cuestiones. Alguno, en clave electoral, apela a la salud de los futbolistas.

No será buen gestor el que no se preocupe en buscar soluciones al presupuesto que se ve tocado, por la paralización de las competiciones ya que ello conlleva una merma de ingresos económicos provenientes del contrato de televisión, publicidad y otros. Se habla que el fútbol profesional ve peligrar el contrato de televisión con lo que se reducen sus ingresos, por este concepto, en torno a los 600 millones de euros.

El presupuesto se conformó en base a unos ingresos que llevaron a una estructura de gasto que ahora se tambalea. Tal presupuesto, con el plan de control económico que impuso la Liga, tienen un alto grado de realismo en cuanto a la relación de ingresos y gastos.

El fútbol profesional no es ajeno a la incertidumbre económica que se vive en todos los sectores económicos y, por ello, ha de buscar soluciones, trabajando sobre las mismas y considerando todos los escenarios posibles.

Por ejemplo, los medios de comunicación relacionados con el deporte y más en concreto con el fútbol, si se mantiene, en el tiempo, la falta de competiciones, es evidente que sus programas y publicaciones se resentirán, en cuanto a audiencia y difusión, llevando ello consigo, entre otras cuestiones, a una reformulación en cuanto a los ingresos por publicidad que, a su vez, puede repercutir en los puestos de trabajo. 

Defender la salud y gestionar la economía es compatible y ha de serlo, desde la responsabilidad. El fútbol es un deporte que genera negocio y, por ello, no estoy de acuerdo con la frase de que “ el fútbol no es deporte, es negocio”. No se puede olvidar que para generar el negocio del fútbol, ha de haber unos futbolistas con una preparación física y mental que den un espectáculo futbolístico que engancha al espectador y, a partir, de ahí se organiza el negocio. 

Lógicamente en todo este proceso son piezas fundamentales los gestores del fútbol a los efectos de ensamblar todas las piezas que han de generar el mejor negocio posible.

No está de más recordar que el negocio que genera el fútbol, aparte de los puestos directos, propicia un número importante de puestos indirectos.

Consecuencia de que los gestores han de buscar soluciones a la nueva situación, se plantea la posibilidad de presentar expedientes de regulación de empleo y, entonces, arrecian las críticas a los jugadores con las afirmaciones, tan manidas, de que con el dinero que ganan ya podían ser generosos y aceptar la rebaja de sus sueldos.

Entiendo que se olvida que los futbolistas son trabajadores por cuenta ajena y como tales tienen sus derechos, por ejemplo a percibir la prestación de desempleo, y sus obligaciones, por ejemplo a pagar los impuestos y cotizar a la seguridad social, y, por ello, es lógico que defiendan sus intereses económicos ya de forma individual o a través del sindicato AFE u otros, siendo esto válido tanto para Messi como para el jugador que perciba el salario más bajo.

Pienso que cuando se habla del futbolista en relación a lo que puede percibir, se toma como referencia los jugadores de alto nivel, cuando la realidad es que a ese grupo pertenecen la minoría. 

Desde la experiencia que tengo sobre negociación con jugadores profesionales de fútbol y trabajadores de otros ámbitos laborales, puedo afirmar que los comportamientos, con las peculiaridades propias de cada una de las actividades, se mueven de igual manera.

Resulta lógico que los jugadores defiendan sus intereses económicos y, por ello, es lícito que busquen fórmulas a fin de que las condiciones económicas sean razonables, en relación a las circunstancias económicas excepcionales por las que están pasando las S.A.D. y los clubs. Es curioso que habiendo como hay, en otros ámbitos del mundo de la contratación laboral y en otros deportes, personas que tienen unos contratos importantes, muy superiores a la mayoría de los jugadores de fútbol, no se les exija la misma “generosidad”. 

No habrá duda que los futbolistas y, en general, el mundo del fútbol, ante la situación actual, tienen los mismos sentimientos y preocupación que la mayoría de los ciudadanos y, por ello, se leen noticias de acciones de solidaridad llevadas a cabo.

Es evidente que, en las circunstancias actuales, es conveniente no caer en el populismo y la demagogia ya que se puede caer en la contradicción.

En Arabia Saudí los derechos humanos, en concreto  los de las  mujeres, son ignorados y, sin embargo, la Supercopa de España se jugó allí, por un importante criterio económico. 

Estas son las reflexiones de un abogado de pueblo, Vegadeo, sin acritud, como decía aquél.





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